Recurso para padres

¿Hay diferencias en el desarrollo del cerebro de los niños y las niñas?

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Sí, pero son sutiles y son producto tanto de la naturaleza como de la crianza.

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Los neurocientíficos han sabido durante muchos años que los cerebros de hombres y mujeres no son idénticos. Los cerebros de los varones tienden a ser más lateralizados, es decir, los dos hemisferios operan más independientemente durante tareas mentales específicas como hablar o navegar el ambiente. Para las mismas tareas, las mujeres tienden a usar los dos hemisferios cerebrales más igualmente. Otra diferencia es el tamaño: los varones de todas las edades tienden a tener cerebros levemente más grandes, en promedio, que las mujeres, aun después de efectuar correcciones para las diferencias de tamaño del cuerpo.

Las mediciones eléctricas revelan que las diferencias de los cerebros de niños y niñas ocurren desde el momento del nacimiento. A los tres meses, los cerebros de los niños y las niñas responden de manera diferente al sonido del habla humana. Debido a que estas diferencias aparecen tan temprano en la vida, se supone que son producto de genes u hormonas relacionadas con el género. Sí sabemos que los niveles de testosterona aumentan en los fetos varones ya a las siete semanas de gestación, y que la testosterona afecta el crecimiento y la supervivencia de las neuronas en muchas partes del cerebro. Es posible que las hormonas sexuales femeninas también desempeñen una función en moldear el desarrollo del cerebro, pero actualmente su función no se comprende bien.

Las diferencias de género en el cerebro se reflejan en los cronogramas de desarrollo de manera diferente en las niñas y niños. Según la mayoría de las mediciones de desarrollo sensorial y cognitivo, las niñas están levemente más adelantadas: la visión, el oído, la memoria, el olfato y el tacto son todos más agudos en las bebés femeninas que en los bebés masculinos. Las niñas también tienden a ser algo más sensibles a lo social: responden más rápido a las voces o caras humanas o lloran más vigorosamente en respuesta al llanto de otro bebé y por lo general llevan la delantera a los niños en el surgimiento de las habilidades motoras finas y de lenguaje.

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Con el tiempo, los niños se ponen al día en muchos de estos campos. Para los tres años, éstos tienden a superar a las niñas en un campo cognitivo: la integración espacial-visual, que se manifiesta en navegación del espacio, armado de rompecabezas y ciertos tipos de coordinación de mano y ojo. Los niños de todas las edades tienden a tener un mejor desempeño que las niñas en taras como rotación mental (imaginarse cómo se vería un objeto particular si se lo girara noventa grados) mientras que las niñas de todas las edades tienden a tener un mejor desempeño que los niños en ciertas tareas verbales y en identificar expresiones emocionales en la cara de otra persona. (Es importante destacar que estos resultados describen solamente las diferencias promedio entre niños y niñas. En realidad, la gama de aptitudes en cada género es mucho mayor que la diferencia entre la “niña promedio” y el “niño promedio”. En otras palabras, hay muchos niños con habilidades verbales excelentes y niñas con excelentes habilidades espacio-visuales. Si bien puede ser útil para los padres y maestros comprender estas diferencias entre los dos géneros, no deberíamos esperar que todos los niños se ajusten a estas normas.)

Los genes y las hormonas ponen las cosas en marcha, pero no son plenamente responsables de las diferencias de género en los cerebros de los niños. La experiencia de vida también desempeña un papel fundamental. Por ejemplo, considere el “niño típico”, con sus habilidades espacio-visuales más avanzadas; es posible que prefiera actividades como trepar o empujar camiones, todo lo cual perfecciona sus habilidades espacio-visuales. Por el contrario, la “niña típica” podría gravitar más hacia juegos con muñecas y con sus hermanos, lo cual refuerza más sus aptitudes verbales y sociales. No es difícil ver cómo se magnifican los puntos fuertes iniciales, gracias a la admirable plasticidad de los cerebros de los niños, en diferencias considerables, aun antes de que los niños y las niñas comiencen la escuela preescolar.

Pero esta admirable plasticidad cerebral también les proporciona a los padres y otros proveedores de cuidados una maravillosa oportunidad de compensar las diferentes tendencias de niños y niñas. Por ejemplo, se sabe que una mayor interacción verbal puede mejorar las habilidades de lenguaje de los niños. De modo que el “niño típico” puede beneficiarse especialmente de un proveedor de cuidado que lo haga participar en mucha conversación y juegos de palabras. Por otra parte, la “niña típica” puede beneficiarse más de un proveedor de cuidado que le haga participar en un rompecabezas o en la construcción de una torre de bloques, actividades que fomentan su integración espacio-visual. La cuestión no es desalentar a los niños de los juegos típicos de su género (ya que empujar camiones o jugar con muñecas son actividades buenísimas para cualquier niño pequeño), sino suplementar esas actividades con experiencias que estimulen el desarrollo de muchas competencias.