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Crecer hablando dos idiomas: desafíos y comodidades

Verónica Chávez, PhD considera cómo su educación cultural y su crecimiento bilingüe han impactado a las familias con las que trabaja.

Perdida en la traducción

Aunque nací en Estados Unidos, pasé los años de mi primera infancia en un pueblo pequeño y con lazos muy estrechos ubicado en las montañas de Guanajuato, un estado central en México.

Mi lengua materna fue el español; recién comencé a aprender inglés cuando mi familia regresó a Estados Unidos o “al Norte”, como se lo conocía habitualmente, a mis siete años. Hasta el día de hoy recuerdo lo frustrante que era no poder entender lo que los demás decían, lo perdida que me sentía sin poder comunicarme, y viceversa. Aún recuerdo cuando iba al médico, al dentista e incluso a la oficina escolar con mi mamá, que tampoco hablaba inglés, para consultar a proveedores que no hablaban español.

Muchas cosas importantes quedaban sin decir o se perdían en la traducción por la barrera idiomática a la que nos enfrentábamos a menudo. En retrospectiva, pienso que fue esta frustración, incomodidad y sentirme perdida lo que finalmente me motivó a concentrarme de verdad en aprender el idioma inglés. Aprender inglés también era una forma de que mis hermanos y yo nos comunicáramos si no queríamos que nuestros padres entendieran. Pero también comprendí en ese momento la importancia de mantener mi lengua materna, porque el español era un hilo vital que me conectaba con mi familia y mis raíces.

Es extraño pensar que aprender inglés y dominar el idioma era necesario para sobrevivir en este país, pero mantener mi español también era necesario para sobrevivir en mi comunidad, en la que la gran mayoría de las personas solo hablaba español.

Encontrar bienestar

Ser bilingüe siempre ha sido importante, pero sin duda hubo situaciones que me recordaron lo importante y valioso que era que dominara dos idiomas y culturas.

A pesar de que aprendí a leer en español cuando era una niña, recién entendí la gramática española correcta cuando estaba en la secundaria. En mi juventud, mi criterio para decidir si una forma de hablar era correcta se basaba en mi intuición como hablante nativa de español, y no pensaba si era gramaticalmente correcto o no. Como primera generación de mexicanos-estadounidenses y la primera de la familia que asistió a la universidad, recuerdo lo contenta que estaba de irme de California a Washington, D.C., para estudiar en Georgetown University. Y fue allí, a alrededor de 3000 millas de mi hogar, donde recuerdo haber reflexionado deliberadamente por primera vez sobre la importancia de mi capacidad de hablar dos idiomas.

Mis interacciones con personas hispanoparlantes en Georgetown, como los conductores de los autobuses para estudiantes que me llevaban al campus y el personal de los restaurantes del campus donde comía todos los días, me hacían extrañar mi hogar pero, paradójicamente, me llenaban de una increíble sensación de bienestar que no sabía que necesitaba. Durante la universidad y los dos años posteriores en los que participé en una beca de poslicenciatura en NIH con el fin de adquirir experiencia en la preparación para la carrera de posgrado, no leí ni me comuniqué en español con mucha frecuencia.

Cuando comencé mi programa de doctorado en Nebraska, utilizaba muy poco mi español hasta que tuve la oportunidad increíble de trabajar con una pareja de mediana edad que solo hablaba español y buscaba terapia de pareja. Durante mi trabajo con ellos, me pude dar cuenta de la importancia de poder hablar en la lengua materna sobre los temores más profundos y los deseos más preciados que puede tener una persona. El idioma está ligado a nuestras emociones e ideas de manera tan indisoluble que a menudo no es posible comunicar plenamente emociones y experiencias vulnerables en un idioma en el que no sentimos total comodidad para comunicarnos.

Lo que dicen las investigaciones sobre el multilingüismo y el desarrollo temprano.

Veronica Chavez
En los últimos años, trabajar con familias y niños pequeños ha adoptado un nuevo significado para Verónica, después del nacimiento de sus propios hijos. Ella señala: “Criar a mis hijos en un contexto bilingüe y bicultural no solo continúa preservando mi cultura y las costumbres de mis antepasados, sino que les garantiza la oportunidad de ayudar a los hablantes de español, ofrecer consuelo a través del uso del idioma y seguir derribando las barreras idiomáticas, independientemente del área de trabajo o el sector en el que se inserten en el futuro. En mi trabajo, tener hijos propios ha aumentado mi sinceridad y mi pasión por apoyar y ayudar a que los niños y sus familias prosperen al enfrentar experiencias negativas en la vida”.

El bilingüismo en un contexto terapéutico

Después de completar mi formación de posgrado, regresé a California para mi beca de posdoctorado.

La diversidad del condado de Los Ángeles, donde se hablan cientos de idiomas y dialectos diferentes, me permitieron utilizar y desarrollar de manera más integral y con mayor frecuencia mis habilidades en el idioma español dentro del contexto de la salud mental. Ser bilingüe y poder hablar el idioma no es lo mismo que utilizar el español en entornos terapéuticos, hecho que había enfrentado por primera vez mientras trabajaba con la pareja hispanoparlante en Nebraska. Existe tanta jerga clínica que es difícil traducir al español en forma instantánea, por lo que fue el comienzo del desarrollo de una fluidez bilingüe diferente.

Si bien todos los clientes y las familias con los que he trabajado son significativos e importantes, puedo decir con sinceridad que recuerdo a cada uno de los clientes y familias hispanoparlantes. Y mientras estoy aquí sentada y pienso cuál podría ser el motivo, recuerdo cuando mi madre y yo íbamos a las citas médicas o dentales en las que nadie hablaba nuestro idioma, y sé que he sido lo suficientemente afortunada para darle a una familia hispanoparlante una experiencia diferente y, con suerte, más reconfortante que la que yo tuve de pequeña.

Mi trabajo en salud mental para bebés y la primera infancia (IECMH) ha sido más enriquecedor gracias a mi capacidad de hablar español con mis familias hispanoparlantes. El trabajo con los traumas es difícil, y lo es mucho más cuando las personas no pueden procesar ese trauma en su lengua materna, en el idioma en que se sienten cómodas. En la última década trabajé con muchas familias, algunas de las cuales tienen gran cantidad de historias de traumas que hace mucho quedaron sin procesar porque la familia no pudo encontrar un proveedor que hablara su idioma y entendiera su cultura y sus costumbres.

Poder prestar servicios a hispanoparlantes, crear un lugar seguro, escuchar y hablar en su idioma y, además, acompañarlos para procesar su trauma, es más de lo que podría haber pedido y lo siento un privilegio.

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Un obstáculo frecuente que enfrentan los terapeutas bilingües es la falta de documentación clínica disponible en español. A menudo, los formularios de admisión, las herramientas clínicas, los formularios de evaluación inicial y otros formularios clínicos solo están disponibles en inglés. Para resolver este problema, Verónica creó y tradujo documentos clínicos y materiales informativos al español, y los compartió por todos lados. Considera que este es otro paso importante en la prestación de servicios bilingües de calidad.

Derribar las barreras

Debido a mis experiencias iniciales respecto de la dificultad de comunicarme con proveedores en una lengua común, estoy muy decidida a garantizar que los clientes, posibles clientes, personas que encuentre en el supermercado, personas que pidan instrucciones para llegar a algún lugar y otras personas hispanoparlantes sepan que puedo hablar con ellos en su lengua materna.

Esas primeras experiencias también me ayudaron a darme cuenta de qué puedo hacer para garantizar que las personas que vengan a buscar servicios de salud mental enfronten menos barreras al hacerlo. Las barreras idiomáticas son importantes en cualquier contexto, pero se vuelven monumentales dentro del contexto de la salud mental, debido al estigma asociado con la búsqueda de tratamiento. Se hace aún más complejo cuando comenzamos a pensar en la cultura y el significado que para diferentes culturas podría tener buscar ayuda fuera de su familia inmediata y su comunidad.

Dada la diversidad de idiomas que coexisten en el condado de Los Ángeles, la mayoría de los proveedores tiene formularios en varios idiomas, lo cual es importante. Es fundamental que las personas entiendan plenamente un consentimiento informado en un idioma que puedan leer o comprender si sus conocimientos básicos son limitados.

En mi práctica clínica, así como en mi supervisión y capacitación de otros profesionales, me he preocupado por resaltar la importancia de crear conciencia en torno a los sesgos implícitos, participar en capacitaciones y prácticas regulares en relación con la humildad y la sensibilidad culturales, infundir contexto cultural en la creación de espacios seguros para que las personas se comuniquen en el idioma en el que se sientan más cómodas, y ser receptivos desde el punto de vista cultural en sus interacciones con clientes. Últimamente mi trabajo se ha centrado más en la práctica/supervisión reflexiva, la capacitación y la consulta con profesionales y, como parte de dichas actividades, presto especial atención al contexto cultural, a la importancia de estar culturalmente informados.

Siempre habrá matices culturales y lingüísticos dentro de cada idioma, por ejemplo, el español que se habla en el centro de México puede ser diferente del que se habla en las regiones costeras de México, y sin duda alguna en otras partes de América Latina. La concienciación constante sobre las diferencias individuales puede ayudarnos a mantenernos en sintonía con las necesidades únicas de cada cliente. Como la alumna curiosa que he sido toda mi vida, espero continuar encontrando maneras de respaldar a nuestras comunidades de inmigrantes y derribar las barreras culturales y lingüísticas.

Explore nuestra biblioteca de recursos de desarrollo temprano disponibles en español.

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